LA ÚNICA DIFERENCIA ENTRE UN LOCO Y YO ES QUE YO NO ESTOY LOCO. Salvador Dalí (1904-1989) Pintor y escultor español.
LA ACTIVIDAD PARANOICA-CRÍTICA LE PERMITE AL MUNDO DELIRANTE PASAR AL PLANO DE LA REALIDAD. ES UN MÉTODO ESPONTÁNEO DE CONOCIMIENTO IRRACIONAL BASADO EN LA OBJETIVACIÓN SISTEMÁTICA DE ASOCIACIONES E INTERPRETACIONES DELIRANTES. LO PRACTICO CON ÉXITO AUNQUE NO SEPA HASTA AHORA MUY BIEN EN QUÉ CONSISTE EXACTAMENTE. EN TÉRMINOS GENERALES, SE TRATA DE LA SISTEMATIZACIÓN MÁS RIGUROSA DE LOS FENÓMENOS Y MATERIALES MÁS DELIRANTES, CON LA INTENCIÓN DE HACER TANGIBLEMENTE CREADORAS MIS IDEAS MÁS OBSESIVAMENTE PELIGROSAS. ESTE MÉTODO NO FUNCIONA SI NO SE POSEE UN MOTOR BLANDO DE ORIGEN DIVINO, UN NÚCLEO VIVIENTE, UNA GALA - Y SÓLO HAY UNA Salvador Dalí (1904-1989) Pintor y escultor español.
A VECES UN PURO ES SOLAMENTE UN PURO. Sigmund Freud (1856-1939) Médico austriaco.
LA GRAN PREGUNTA QUE NUNCA HA SIDO CONTESTADA Y A LA CUAL TODAVÍA NO HE PODIDO RESPONDER, A PESAR DE MIS TREINTA AÑOS DE INVESTIGACIÓN DEL ALMA FEMENINA, ES: ¿QUÉ QUIERE UNA MUJER? Sigmund Freud (1856-1939) Médico austriaco.
Seguro le ha pasado alguna vez. Es domingo y usted está, en compañía de su familia y algún que otro coleado (ojo, si cree que no había ninguno, entonces el coleado en la mesa es usted), terminando de comer comida china. Comió rápido, tiene el estómago hinchado y los ojos vidriosos, pero en un acto altruista que espera sea recompensado con una siesta, usted colabora recogiendo la mesa. Así, por ejemplo, toma el pote de arroz chino al que apenas si le quedó un grano de arroz adentro porque estaba pegado a las paredes del pote, y se acerca al basurero cuando alguien (generalmente la suegra) salta:
—¿Adónde piensas tú que vas con ese pote? —A botarlo, ¿no? —¡Pero si ese pote está bueno! ¡Y tiene hasta tapa! Ponlo en el fregadero con los platos. Y si no lo quieren me avisas que me lo quedo yo…
¿Por qué? ¿Qué nos pasa con los potes? ¿Cuántos potes son suficientes?
Hay una suerte de gen criollo que nos impide botar potes y/o bolsas de plástico. No importa su tamaño, estilo o uso previo, lo que cuenta es guardarlos.
Siempre. Los preferidos son los de arroz chino, los de yogurt y los de mayonesa, pero hay de todo.
Y conste que hablamos de algo genético, no monetario. He visto elegantes señoras en maravillosas mansiones en La Lagunita guardar los envases de aluminio en los que traían paella porque “los potes de ese tamaño son dificilísimos de conseguir”.
Claro que esto es una excepción porque la única regla que pareciera funcionar a la hora de determinar qué pote amerita guardarse es la siguiente: si no tiene tapa, va a la basura; si tiene tapa, va al fregadero. Y no hay excepciones. Ni siquiera si el pote está torcido de tanto haber pasado por el microondas y la tapa parece de papel de todas las veces que ha explotado mientras giraba dentro del hornito. Si tiene tapa, se guarda.
El resultado es que una parte cada vez mayor de la cocina se destina a guardar potes. Los potes allí se van acumulando, al punto que pronto hay que ir poniendo potes dentro de otros potes, y apilándolos en estructuras antigravitatorias que suelen desplomarse no bien uno pisa la puerta de la cocina. Conozco gente que muda los potes y hasta los guarda para ocasiones especiales, advirtiéndolo con un: “No vayas a guardar eso ahí, que ese pote lo estoy guardando para las caraotas del domingo”.
Lo peor es que la experiencia nos muestra que al final todo es una ilusión. Las tapas de los potes nunca se encuentran cuando uno más las necesita, o simplemente dejan de cerrar como alguna vez lo hicieron.
Y entonces un día, en un arrebato liberador, los botas todos y justo al otro día te das cuenta que necesitas un pote así para (poner aquí lo que se te ocurra).
Eso, sin contar con el hecho de que el pote que uno necesita nunca está a la mano, sino que está “abajo”, “adentro”, “oculto” o “sucio”, en todo caso, siempre imposible de alcanzar. Pero no podemos evitarlo. El pote nos define. Otras culturas descartan, no digamos potes, sino fuentes y hasta manteles en perfecto estado porque en la etiqueta decía “desechable” y, por ende, sólo debe utilizarse una vez.
En cambio, nosotros nos encariñamos. Nos da no sé qué deshacernos de algo que alguna vez tuvo un uso. Así esté viejo, feo y sea completamente inútil, lo mantenemos allí. Y entonces, lo que comenzó con un potecito de yogurt, se extrapola al resto de nuestras actividades: guardamos los bolígrafos que ya no escriben “por si algún día le encontramos un cartucho”, los televisores viejos “por si algún día tenemos una casa en la playa y necesitamos uno” y hasta las ediciones aniversario de los periódicos “por si algún día me da por leer algo de las 3.000 páginas”.
Y así vamos. Al final, nuestro afán de mantener las cosas nos lleva a rotar a los ministros inútiles por diferentes despachos, a mantener a los funcionarios corruptos a mano por si necesitamos agilizar algún tramite, y a votar más de una vez por presidentes incapaces. Nos es que tengan algo bueno, insisto, todos lo sabemos y cada uno de ellos se encargó de mostrar su (in) capacidad.
Simplemente estaban allí. Y deshacernos de ellos pareciera dar tanto trabajo… Cuestión de genética.
HOLA CHICO(AS) EL MOTIVO DE ESTE CORREO MASIVO ES PARA INFORMARLES QUE ALGUIEN SE METIO EN MI CUENTA DE HI5 Y EMPEZO A MANDAR COMENTARIOS ANIMADOS ALGUNOS DE DOBLE SENTIDO QUE OBVIAMENTE NO ENVIÉ YO, DE ANTEMANO MIS DISCULPAS Y POR FAVOR BORREN ESOS COMENTARIOS... GRACIAS A TODOS(AS)